Mi experiencia en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Coruña también fue bastante problemática, el gran dilema entre la línea recta academicista de la época y mi apuesta siempre arriesgada por la curva y su dinamismo me volvió a causar grandes problemas. De este gran periodo de mi vida recuerdo el sacrificio realizado al costearme mis estudios y las dos firmes propuestas que me hice al comenzar: "Que la escuela pasara por mí y no yo por la escuela".Y "aprender al máximo exprimiendo a cada uno de mis profesores, sin recurrir a clases particulares, ya que bastante caro sale estudiar". Al final el coste fue básicamente en tiempos pero esa actitud me ha valido mucho para aprender de verdad.

Al igual que hice en el tema del paisaje y siempre desde mi experiencia personal creo que regla de oro en arquitectura es plantearse siempre dos caminos opuestos, de dentro hacia afuera y viceversa, los edificios son ese límite donde cambia la dirección de ese recorrido. Por otra parte también pienso que la gran revolución actual está de nuevo en un pensamiento en verde. Hoy en día se apuesta mucho por lo bioclimático y las energías renovables pero esto no deja de ser un detalle si no se cambia de nuevo a esa mentalidad "glocal". La visión macroscópica es la que da sentido a los pequeños detalles, y tampoco llega con un enfoque económico y ecológico si se olvida el social en esa triple balanza. Es imposible resolver los problemas si no se modifican las inercias desde políticas comunitarias. En mi opinión sigue fallando una cosa: el control, por mucha ley y normativa que exista si no se arbitra por un órgano ajeno los resultados, el sistema fallará siempre por mucho que se revisen los procesos intermedios. Pero esto posiblemente también este cambiando.

Al terminar la carrera en plena crisis ecológica, económica y después social algunos profesores ya planteaban la posibilidad de revertir la situación, actuando desde las nuevas oportunidades que ofrecía la llegada del tren de alta velocidad a Galicia. Las viejas instalaciones ferroviarias permitirían como en el caso de Orense una nueva posibilidad urbana para el bien estar social. Yo me involucré plenamente en este desafío realizando un proyecto a gran escala donde además de aportar una solución a la ínter modalidad de la estación, creaba todo un barrio adaptado a unidades familiares que arrastrasen algún tipo de problema de movilidad reducida por parte de alguno de sus miembros. Conseguí crear unas viviendas modulares que solucionaban las necesidades de habitación para cualquier tipo de familia (individual, en pareja con hijos o incluso intergeneracionales). Estas unidades iban colgadas de una superestructura que trabajaba a tracción, justo al revés que lo habitual, permitiendo crear amplios patios entre una vivienda y otra para que cada residencia tuviera un acceso compartido directo al exterior. La proximidad de la estación y de una amplia zona dedicada al terciario complementaba todas las necesidades vitales de las personas con esta problemática, haciéndolas independientes para trasladarse empleando el tren de una forma inmediata, y disfrutando de una amplia zona ajardinada que dialogaría de forma ecológica con su propia terraza a menor escala.