En lo que se refiere a este campo por fin se puede decir que nunca tuve problemas y que en él he conseguido mis más sencillos y agradables éxitos. Tal vez sea por qué esta escala orgánica de las pequeñas cosas me resulta muy interesante por su grado de inmediatez. Es decir me parece extremadamente gratificante como una idea se convierte rápidamente en un mueble, en una reforma de un espacio o en algo tan simple como un logotipo para una empresa o programa de radio, sin mayor complicación. Además potenciada por esa filosofía del hágalo usted mismo que tanto éxito esta dando a alguna empresa de muebles de diseño por catálogo en los que el montaje corre por cuenta del comprador. Aunque muchas veces me salga más caro yo intento evitar este juego y creo que es más recurrente reciclar y reinventar las cosas de nuevo, que caer en un consumismo disparatado, pero esto que quede claro no deja de ser una opción personal.

Desde pequeño en mi casa se hicieron los muebles a medida, y eso deja huella, de hecho mi abuelo era carpintero y el simple olor a serrín de pino me lleva directamente a mi infancia. Por esta razón y debido  a mi formación no dudo en aprovechar cualquier ocasión para reconstruir cualquier espacio personalizándolo a las condiciones del propietario, integrando el mobiliario de una forma práctica y bastante emblemática y aportándole a este elemento un carácter propio que supera su simple funcionalidad contenedora.

Frente a esta visión pragmática del diseño surgió uno de mis espectáculos: Recicla-Arte una creación multidisciplinar que a lo largo de estos años ha echo soñar a pequeños y mayores al mismo ritmo, una conjunción entre naturaleza y virtualidad que nos hace pensar en un futuro mejor. En su momento no le di demasiada importancia a esta intervención en el mundo del teatro desde una visión vanguardista del guiñol. En un principio  no relacione mi creación con la arquitectura para nada aunque aprovechaba gran cantidad de reflexiones hechas en su campo. Pero el éxito que esta primera obra de Ni Fu Ni Fa Animación ha adquirido a lo largo del tiempo por los auditorios de gran parte de Galicia, me han demostrado que la cultura está por encima de la época y que la labor pedagógica de poner en valor todo aquello que nos importa es la mejor forma de mantenerlo. Retomando esa visión filosófica y sobre todo vital que ata el pasado con nuestro presente asegurando así el futuro. Ese ha sido el secreto del pequeño triunfo obtenido con esta propuesta.

Lo más paradójico de todo esta cuestión es comprobar como en las distintas leyes de protección del paisaje, se están empleando gran cantidad de energías en labores de concienciación y valoración de los entornos. Algo de lo que yo puedo presumir que llevo haciendo más de diez años de forma casual con el apoyo de la Xunta, la Diputación o el Concello de Coruña sin haberme dado cuenta.